Hasta el cielo llora


Un funeral, cuando llueve, es más funeral. “Hasta el cielo llora” es el tópico, hasta popularizado en canciones de éxito como “cuando los ángeles lloran” de Maná. Así, el cuadro queda perfecto en la muerte de una de las franquicias con más solera de la NBA: los Seattle Supersonics son enterrados en su ciudad de siempre, una de esas franquicias que nunca se desplazó y enraizada al norte del Pacífico, en Seattle, la ciudad donde llueve 220 días al año. Donde los 7 pecados capitales consagraron a Brad Pitt, a Morgan Freeman y a Kevin Spacey en uno de los mejores thrillers de los ‘90.

La víctima ha sido sepultada por sus nuevos propietarios, una corporación de ocho miembros con Clay Bennet a la cabeza y ansiosos por mover la franquicia a su tierra natal, Oklahoma City. Anteriormente con Howard Schultz, propietario de la archiconocida cadena de cafeterías Starbucks (y habitual en las primeras posiciones de la revista Forbes), la franquicia estaba bien ligada a la ciudad, una de las más ricas culturalmente en Estados Unidos: Lugar de movimientos musicales revolucionarios (ciudad del “padre” del rock duro y estilos más potentes Jimi Hendrix, cuna del Grunge en los noventa), bohemia como ella misma; puede que lo más parecido al Londres “underground” que te puedes encontrar. Y tras el cambio arriba, es normal que los cambios lleguen también abajo, en este caso hasta los cimientos, que se trasladan bien lejos.

Un funeral, donde asisten los Seahawks (NFL), los Mariners (MBL), los Thunderbirds (NHL), y los Sounders (fútbol). En esta ciudad, tan ligada al deporte y con equipo en todas las ligas profesionales, quedan viudas las Storm, el equipo de la WNBA de Seattle.

Todo planeado. En un par de años, magnificación de las relaciones con la ciudad para conseguir un nuevo pabellón. Prescindir de un técnico que lleva toda su carrera, desde recoger balones, en la franquicia; que se va a entrenar al vecino. Sus sustitutos, en un año errático (temporada 2006-2007) no hacen gran cosa; para acabar trayendo a un técnico asistente (carlésimo) que ha llevado al equipo a optar por segundo año consecutivo a un puesto de lotería en el draft con bastantes bolitas en el bombo. Tras deshacerse de cualquier regazo de talento que existiera en la plantilla (no ofrecer una renovación a Rashad Lewis, traspasar a Ray Allen por Szczerbiak y West que en la misma temporada salen del equipo, traer a Kurt Thomas para tenerle 4 meses en plantilla, y un largo etcétera) se han encomendado al talento por pulir y perfeccionar de Kevin Durant, un muchacho que puede llegar a lo más alto, o quedarse en jugador generación post-MJ: me lo tiro todo, me lo chupo todo, pero no gano nada. Muchos con esta etiqueta hay en la liga. Toca reconstruir, claramente, no hay más donde rascar.

La reencarnación: en Oklahoma City. Forzosamente un mercado más pequeño (la ciudad tiene un millón de habitantes frente a los más de tres de Seattle), pero que demostró ser un lugar interesante tras la adopción durante dos años de los Hornets debido al Huracán Katrina y sus efectos devastadores en la ciudad de Nueva Orleans. Esperemos que no fuera flor de un día, y que no cojan la senda de los Grizzlies.


Reithor

201 comentarios:

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Anónimo dijo...

En Se7en nunca se hace mención a la ciudad donde transcurre la acción. Eso si, es la ciudad de Frasier.

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